Critica de: “Derecho a morir dignamente,” por Roberto Rodríguez Rivera Jr.

1. Título del artículo: “Derecho a morir dignamente”

2. Autor: José Román Flecha

3. Año: 2008

4. Titulo de la Revista Profesional de Teología: “Imágenes de la fe” Las claves de la vida cristiana hoy.

5. Número: 424

6. ¿Cuál es la relación entre el articulo y la dignidad del ser humano?

La relación es la diferencia entre morir dignamente y el morir escapando del sufrimiento y el dolor ya sea por suicidio o la asistencia de otra persona. Citando a Benedicto XVI, Spe Salvi, n 38. “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana. A su vez, la sociedad no puede aceptar a los que sufren y sostenerlos en su dolencia si los individuos mismos no son capaces de hacerlo y, en fin, el individuo no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza. En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que éste llegue a ser también mío. Pero precisamente porque ahora se ha convertido en sufrimiento compartido, en el cual se da la presencia de un otro, este sufrimiento queda traspasado por la luz del amor. La palabra latina consolatio, consolación, lo expresa de manera muy bella, sugiriendo un « ser-con » en la soledad, que entonces ya no es soledad. Pero también la capacidad de aceptar el sufrimiento por amor del bien, de la verdad y de la justicia, es constitutiva de la grandeza de la humanidad porque, en definitiva, cuando mi bienestar, mi incolumidad, es más importante que la verdad y la justicia, entonces prevalece el dominio del más fuerte; entonces reinan la violencia y la mentira. La verdad y la justicia han de estar por encima de mi comodidad e incolumidad física, de otro modo mi propia vida se convierte en mentira. Y también el « sí » al amor es fuente de sufrimiento, porque el amor exige siempre nuevas renuncias de mi yo, en las cuales me dejo modelar y herir. En efecto, no puede existir el amor sin esta renuncia también dolorosa para mí, de otro modo se convierte en puro egoísmo y, con ello, se anula a sí mismo como amor”. También el Catecismo de la Iglesia Católica 2258 nos dice “La vida humana es sagrada, porque desde su inicio comporta la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” 2261 La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: “No quites la vida del inocente y justo” (Ex 23,7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: Obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes. Un gran ejemplo de morir dignamente fue lo que hizo el Siervo de Dios Juan Pablo II: comido por la enfermedad, pero con una dignidad de un rey… ¿qué digo un rey? Era mucho más que eso, era hijo de Dios. ¿Puede haber algo más digno?

7. ¿Cuáles son las fuentes principales que utiliza el autor?

El autor utilizo diversas fuentes de referencia entre ellas Singer, Peter., Ética práctica, pp244-247, Benedicto XVI, Spe salvi, n.38, Sociedad Española de Ciudadanos Paliativos, Declaración sobre la eutanasia, nn 13 y 16, Frankl, V., El hombre doliente, p.81, 260-262, Cortina, A., “Morir en paz”, en Couceiro A. (ed.) Ética en ciudadanos paliativos, p.349, Engelhardt, H.T. Los fundamentos de la bioética (Paidos. Barcelona 1995), pp. 257 y 393-394, Binding, Karl y Hoche Alfred, El permiso para destruir vidas carentes de valor vital, Cf. Jay Lifton, R., The Nazi Doctors. A Study of the Psichology of Evil. Mac Milian. Londres 1986, Garcia Sabell, D.

8. ¿Cuál es el marco de referencia o perspectiva teológica del autor?

El autor es católico conservador. José Ramón Amor Pan, nació en La Coruña (España) hace 36 años. Es Doctor en Teología Moral, Diplomado en Derecho y Master en Cooperación al Desarrollo. Sus principales áreas de trabajo son la bioética y la educación en valores y, en la actualidad es Profesor Asociado y Responsable del Área de Bioética en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid), profesor en el Instituto Compostelano de Ciencias Religiosas y Director de una Residencia Universitaria en La Coruña. A este brillante currículo al que podríamos seguir sumando cargos en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, en la Facultad de Ciencias experimentales y técnicas de la Universidad San Pablo de Madrid, etc., hay que añadir la autoría de dos libros; “Ética y deficiencia mental”, y “Afectividad y sexualidad en la persona con deficiencia mental”, la redacción de más de 21 artículos en revistas especializadas, la coordinación de seminarios ínter-disciplinares sobre temas de bioética y más de 50 conferencias en foros nacionales e internacionales.

9. ¿Cuál es la posición principal del autor?

La posición del autor es en pro a morir dignamente, pero en lo qué consiste morir con dignidad. Como el derecho a no sufrir inútilmente, a conocer la verdad de su situación, decidir sobre sí mismo y sobre las intervenciones a las que se haya de someter, recibir asistencia espiritual, No es un derecho del Estado legislar sobre el derecho de la vida, ya que el individuo es anterior al Estado; no recibe del Estado o de la sociedad el derecho a vivir, por lo tanto no se le puede quitar lo que no le dio. De aceptarse la eutanasia, el Estado está violando uno de sus fundamentales deberes: respetar y hacer respetar los derechos fundamentales de las personas, el primero de los cuales es el derecho a la vida.

10. Breve resumen de los planteamientos del autor.

El autor compara diversas fuentes y autores que abogan por “El derecho a morir dignamente” pero no conforme a la ley de Dios, como lo son Karl F, Marx quien defendió una tesis doctoral que llevaba por título De Eutanasia Medica, Karl Binding y Alfred Hoche, El permiso para destruir vidas carentes de valor vital. Sus ideas de eliminar no solo los enfermos terminales sino también los enfermos mentales y discapacitados fueron aceptadas por muchos médicos alemanes; lo que explica que la más avanzada comunidad médica del mundo colaborara activamente en el más amplio programa de exterminio social de que se tiene noticia. También menciona autores que abogan en contra de la eutanasia como por ejemplo Viktor Frankl quien decía que “el sufrimiento hace al ser humano lucido y al mundo diáfano” “Se trata de asumir el sufrimiento, de afirmar el destino, de tomar postura ante él”. Tenemos que aclarar ciertos conceptos que con frecuencia suelen confundirse: Muerte digna: es la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. También se denomina ortotanasia. Pretenden algunos identificarla con la muerte “a petición”, provocada por el médico, cuando la vida ya no puede ofrecer un mínimo de confort que sería imprescindible; sería para éstos la seria para estos la muerte provocada por la eutanasia. El término eutanasia se deriva del griego: “eu” (bien) y “thánatos” (muerte). Es todo acto u omisión cuya responsabilidad recae en personal médico o en individuos cercanos al enfermo, y que ocasiona la muerte inmediata de éste con el fin de evitarle sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de su vida. Cabe destacar dos datos relevantes: para que la eutanasia sea considerada como tal, el enfermo ha de padecer, necesariamente, una enfermedad terminal o incurable, y en segundo lugar, el personal sanitario ha de contar expresamente con el consentimiento del enfermo. Actualmente, se distingue del término “muerte digna” que consiste en el otorgamiento de medidas médicas paliativas (que disminuyen el sufrimiento o lo hacen tolerable), de apoyo emocional y espiritual a los enfermos terminales. “La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante «perversión» de la misma. ” Juan Pablo II.

11. Fortalezas del artículo.

Son altas ya que nos presenta  un tema baladí, pues, una vez perdida la batalla del lenguaje, es fácil ser vencido en la contienda de la argumentación. De ahí la necesidad de recuperar la idea de eutanasia —arma arrojadiza contra la Iglesia— y ganarla para la causa cristiana. En efecto, el cristianismo, gran defensor de la dignidad de las personas, quiere que todos los hombres mueran dignamente, es decir, conforme a su condición de hijos de Dios. Por eso, puede hablarse con total propiedad de una eutanasia cristiana, de una buena muerte, que es propia del hombre que aprovecha ese trance para preparar el salto a la vida eterna. La eutanasia por excelencia —es decir, la muerte más valiosa— fue la de Cristo en la Cruz, que trajo la redención al género humano. Por eso, los cristianos deberíamos ver en el martirio —dar la vida por amor a Dios— una suerte de eutanasia.   La eutanasia cristiana ayuda a morir dignamente, pero nunca asesina, pues matar es moralmente inaceptable, y más todavía si se trata de poner fin a la vida de personas discapacitadas, enfermas o moribundas. Por ello, la eutanasia cristiana rechaza cualquier tipo de acción u omisión que, de suyo o en la intención, provoquen la muerte, admitiendo, por supuesto, la interrupción de tratamientos médicos desproporcionados o un vano encarnizamiento terapéutico. Así, la eutanasia cristiana no desea la muerte pero acepta, porque reconoce nuestra condición de criaturas, el fin inexorable.  La eutanasia cristiana reclama que las decisiones sean tomadas por el propio paciente, si fuera capaz, o por sus familiares, respetando siempre los intereses legítimos del enfermo. La eutanasia cristiana jamás desatiende los cuidados paliativos, por más que la muerte nos pise los talones, y ve en ellos un ejercicio vivo de caridad fraterna, de generosidad. De solidaridad. Millares de personas, repartidas por todo el mundo, contribuyen al buen morir. Nos enseñan a ser valientes. La eutanasia cristiana es, pues, una realidad. Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta, desde posiciones distintas—enfermo y enfermera—, son modelos para el cristiano frente a la hermana muerte. En definitiva, la eutanasia cristiana apuesta por la persona, por su dignidad, ayudándonos a morir en las manos de Dios. Para ello, es preciso rechazar de plano cualquier acción que directa o indirectamente implique una intención o voluntad de matar, del todo contraria a los derechos humanos. La eutanasia cristiana no teme a la muerte, pues ve en ella una puerta que se abre al Amor. Por eso, la espera con coraje, con entereza, sabiendo que es tan sólo un paso, una pascua, un recodo en la vida. Un camino que más tarde o más temprano todos hemos de recorrer.

12. ¿Cuáles son las debilidades del articulo?

La postura del Dr. Amor Pan debe de ser imparcial y menos personal. Ya que aunque nos presenta toda la evidencia de lo que es morir dignamente y lo que es la eutanasia, es mi opinión de que no podemos imponerles nuestras maneras de pensar a los demás. Cada cual tiene derecho a elegir lo que quiere y cada ser humano tiene que respetar ese derecho individual de cada uno siempre y cuando estemos capacitados para ejercer ese derecho, claro está. En ciertos casos es simplemente necia esta forma de actuar, ya que el atentar en contra de los deseos más profundos y convicciones que pudiera tener un individuo, su libertad para expresarse y manifestar que hacer cuando por si mismo ha perdido toda ilusión o motivación por continuar viviendo. Parece más grave el no dejar a una persona que a gritos implora que se le escuche a la muerte misma. Un médico debe hacer todo lo posible por mantener la vida, pero él mismo se da cuenta cuando ya no tiene ningún sentido continuar luchando por ella, y como signo de respeto a la dignidad de una persona debe hablarle claramente, sin mentiras ni falsas esperanza de su situación. Para que de esta forma se decida en base a la moral del sujeto y sin que nadie intervenga viciando su decisión, debiera procederse a cumplir con lo que manda. Yo estoy totalmente de acuerdo en que el morir dignamente es atreves del dolor y sufrimiento. La vida es el primer derecho humano. La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento “por razones humanitarias”. Se llega además al límite cuando algunos, médicos o legisladores, se adjudican el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir. De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de toda relación auténtica entre las personas. Todo enfermo debe recibir el cuidado integral, físico, psíquico, social y espiritual que ayude a evitar el sufrimiento sin prolongar artificialmente la vida ni el sufrimiento, para que pase sus últimos días en paz y con un sentido del dolor y de la vida que aún tiene. El dolor, la prueba, ennoblece, enrecia y purifica, nos hace sabios, emprendedores y comprensivos. Por otro lado, la misión de la medicina es eliminar al dolor, no al enfermo. La medicina es una ciencia inexacta y perfectible y es por ello que hay casos donde se diagnostica que una persona no sobrevivirá y sin embargo acaba recuperándose o viviendo más de lo que se esperaba. Por ello tomar una decisión arbitraria de acabar con la vida de alguien bajo el argumento de que “de todas maneras morirá” es muy inexacta. Cuando uno está sólo, anciano, enfermo, paralítico tras un accidente… es fácil sufrir ansiedad y depresión que llevan a querer morir. En un país sin eutanasia, los médicos, terapeutas, familiares y amigos se esfuerzan por curar esta depresión, devolver las ganas de vivir y casi siempre tienen éxito. Mi opinión personal respetando la opinión de los demás.

13. ¿El autor logro convencerte de su tesis o no porqué?

Si ya que todos los humanos estamos condenados a morir y el saberlo es símbolo de nuestra racionalidad. Y como somos seres que razonamos todos estamos conscientes de que moriremos de una u otra forma, sin embargo este procedimiento muchas veces es doloroso no solo para el sujeto sino para los seres queridos de uno, lo que resulta no sólo una carga económica sino también psicológica que puede ser devastador para toda una familia. Y es que la vida no tiene precio, debe ser respetada y valorada como seres civilizados que somos. La santidad de la vida es don de Dios. El hombre ha sido creado a imagen de Dios y este hecho confiere a la vida humana una especial santidad. Dios es el que da la vida y el que la quita y, por tanto, nadie puede intervenir para acortarla. La muerte es un acontecimiento en esta vida y marca una transición más que un final. Para un cristiano en comunión con Dios, no hay una “condición terminal”. La muerte es parte de la vida. La vida es algo natural y no renunciable, es un don gratuito de Dios y nadie está legitimado para acabar con la vida de un inocente enfermo, minusválido u deficiente. La vida es el primer derecho humano. La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento “por razones humanitarias”. Se llega además al límite cuando algunos, médicos o legisladores, se adjudican el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir. De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de toda relación auténtica entre las personas. Todo enfermo debe recibir el cuidado integral, físico, psíquico, social y espiritual que ayude a evitar el sufrimiento sin prolongar artificialmente la vida ni el sufrimiento, para que pase sus últimos días en paz y con un sentido del dolor y de la vida que aún tiene. El dolor, la prueba, ennoblece, enrecia y purifica, nos hace sabios, emprendedores y comprensivos. Por otro lado, la misión de la medicina es eliminar al dolor, no al enfermo. La medicina es una ciencia inexacta y perfectible y es por ello que hay casos donde se diagnostica que una persona no sobrevivirá y sin embargo acaba recuperándose o viviendo más de lo que se esperaba. Por ello tomar una decisión arbitraria de acabar con la vida de alguien bajo el argumento de que “de todas maneras morirá” es muy inexacta. Cuando uno está sólo, anciano, enfermo, paralítico tras un accidente… es fácil sufrir ansiedad y depresión que llevan a querer morir. En un país sin eutanasia, los médicos, terapeutas, familiares y amigos se esfuerzan por curar esta depresión, devolver las ganas de vivir y casi siempre tienen éxito.

Una respuesta to “Critica de: “Derecho a morir dignamente,” por Roberto Rodríguez Rivera Jr.”

  1. robrod Says:

    Considero que el tema del derecho a morrir es complicado, ya que aunque el ser humano tiene que morrir solo cuando su hora llegue. Esta de por medio el derecho individual de cada uno y si alguien elige morrir antes por la razon que sea aun sabiendo las consecuencias con Dios se le debe respetar sus deseos, pero que sea una decision libre y solo tomada por el individuo sin intervension de nadie. Estas son decisiones que el estado no puede tomar ni intervenir, pues se presta para ser corrupto. Lo que empieza para un proposito se le modifica el nombre y se utiliza para la conveniencia del estado. Algo parecido al plan Nazi “Final Solution”.

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