Crítique- Evelyn Medina

Título del Artículo: “Matrimonio y familia en la moral conyugal y sexual”

Autor: Parada, José Luis

Año: 1999

Revista de Ciencias Morales: Moralia

Volumen y Número: XXII, 84

La relación de entre el artículo y la dignidad del ser humano:

Este artículo defiende los planteamientos morales conyugales cristianos y estimula a que proteja su dignidad, sobre todo en la sexualidad en el ser humano. El amor, la sexualidad y la procreación vividos cristianamente le otorgan un verdadero significado a la existencia y a la dignidad del ser humano, en especial en el matrimonio y la familia. El matrimonio y la familia como una institución forman una unidad, de importancia en la sociedad. Además es la base del ser humano para seguir las enseñanzas y el plan de Dios, para con el prójimo. Por tanto dentro del matrimonio y la familia se conciencia sobre la identidad del amor y la esencia como ser humano digno, espiritual y sexual. Por consiguiente promueve un amor y una sexualidad responsable de acuerdo con su dignidad y como cristiano. De esta manera garantizan el crecimiento y la práctica en las áreas de la dignidad humana. La procreación y paternidad responsable está ligada al objetivo del cristiano, reconociendo los deberes para con Dios tanto individual, como en matrimonio, en familia y en la sociedad. De esta manera comienza aprender a valorizarse como un ser humano digno y cómo relacionarse un verdadero cristiano con Dios y con los demás. Se relaciona además con la dignidad del ser humano, ya que en la vida moral-sexual postula una integración cuerpo-espíritu en una actividad sostenida entre hombre-mujer. Promueve la dignidad del matrimonio y la familia en cuanto se ponga a la disposición y cooperación en el amor del Creador y Salvador. En cuanto a su misión apropiada en la tarea de trasmitir la vida humana y de educar aquellos a quienes se ha trasmitido. Prevenir el pensamiento errático de que el ser humano posee un dominio ilimitado sobre sus propios cuerpos. Por ende, no denigrarlo a través de la anticoncepción artificial y la sexualidad descontrolada. Promoviendo en familia la formación digna de jóvenes, en función y ejercicio del amor conyugal.

Marco de referencia o perspectiva teológica del autor:

El autor de este artículo tiene una afirmación hacia el catolicismo, ya que fundamentó su artículo con documentos católicos. Además presenta una perspectiva católico liberal, exponiendo temas que son en relación a lo social, como lo es el matrimonio y la familia. Muestra y defiende las enseñanzas a través de documentos de la Iglesia y las enseñanzas del evangelio. De esta manera orienta y promueve las regulaciones y principios liberales de la Iglesia entre el Estado y la sociedad. Por tal razón expone su desacuerdo a la autonomía del hombre en el orden moral, sexual y social que niegue, al menos prácticamente, a Dios y a la Iglesia. El autor exhorta el desarrollo de las enseñanzas evangélicas y doctrinas de la Iglesia, porque de otro modo sería la negación y la contraria de Dios. Es decir, que sean contrarias al derecho, a la libertad, a la verdadera autoridad y a la dignidad natural e inalienable del ser humano. En general defiende una amplitud y correcta interpretación de los dogmas, de los decretos disciplinarios y doctrinales de la Iglesia. La defensa de la Iglesia y su doctrina social ante el Estado. Mantener los decretos de la libertad en la familia, matrimonio y de los individuos para el respeto, reconocimiento y libre ejercicio de sus enseñanzas.

Las fuentes principales utilizadas del autor:

El autor en su artículo utiliza varias fuentes principales como: Encíclica, “Humanae Vitae,” por S.S. Pablo VI, El Concilio del Vaticano II en la Gaudium et spes, Las Sagradas Escrituras, El Derecho del Código Canónico y varios escritos de los autores Bernhard Haring y V. Schurr-M.Vidal sobre los temas de la moral, del cristianismo, el matrimonio, la familia, la fidelidad y la paternidad responsable.

La posición principal:

La posición principal de Parada en este artículo es de una vivencia moral, cristiana y sexual individual, en matrimonio y familia hacia un entorno social. Presenta un lenguaje sexual de libertad y fidelidad, de manera que logre humanizar y personalizar la sexualidad en el ser humano. En el matrimonio y la familia debe desarrollar y mantener una moral conyugal. Esta debe ser como vocación basada en el amor, unidad y procreación responsable, emulando así las bases cristianas. En el matrimonio, los cónyuges se aceptan mutuamente y surge una relación de voluntad divina ante la sociedad con carácter permanente. Un hombre y una mujer, en la alianza matrimonial de amor conyugal, ya no son dos sino una sola carne (Mt., 19, 6). Se prestan ayuda y servicio mutuo, a través de la unión íntima de sus personas y acciones. Los esposos cristianos tienen un sacramento especial por el cual se fortalecen y se reciben una especie de consagración en los deberes y la dignidad de su estado (GS, 48). En la misión de trasmitir la vida, los esposos no quedan libres para proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente autónoma los caminos lícitos a seguir. Deben conformar su conducta a la intensión creadora de Dios, manifestada en la misma naturaleza del matrimonio de sus actos y constantemente enseñada por la Iglesia (HV, 10).

Breve resumen de los planteamientos del autor:

Parada en este artículo nos muestra con la investigación B. Haring, la importancia de la dimensión personal que es la sexualidad. A la vez señala la complejidad del tema, con la bondad de la sexualidad, como don creador y su implicación en la solidaridad del pecado. Otro planteamiento del autor es la moral conyugal: el matrimonio y la familia como alianza de amor y de vocación. La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revelan cuando es considerado en su fuente suprema, Dios, que es amor. En el artículo, se presenta la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, que advierte cuatro problemas principales que surgen al ignorar las enseñanzas de la Iglesia sobre el control de natalidad. Primeramente, advierte que el amplio uso de anticonceptivos llevaría a “la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad”. También advierte, que “el hombre perdería su respeto por la mujer y ya no se preocuparía de su equilibrio físico y psicológico”, al punto tal que la consideraría “como simple instrumento de goce egoísta y no como su respetada y amada compañera”. Además, advirtió que el uso generalizado de la anticoncepción podría “ser un arma peligrosa en las manos de aquellas autoridades públicas que no prestan clara atención a las exigencias morales”. Finalmente advirtió, “que la anticoncepción conduciría a los seres humanos a pensar erradamente que tienen un dominio ilimitado sobre sus propios cuerpos, convirtiendo inexorablemente a la persona humana en el objeto de su poder invasivo”. El matrimonio y el amor conyugal están ordenados, por su propia naturaleza, hacia la procreación y la educación de los hijos. Los hijos son en realidad el don supremo del matrimonio y contribuyen sustancialmente al bienestar de los padres. El mismo Dios dijo: “no es bueno que el hombre esté solo” (Gen. 2, 18) y “que hizo al ser humano desde el principio varón y hembra” (Mt. 19, 4). Quiso compartir con el hombre una cierta y especial participación en su propia obra de Creación. Por eso, Dios bendijo al varón y la hembra y le dijo: “Creced y multiplicaos” (Gen. 1, 28). Por lo tanto, mantener así, la verdadera realización del amor conyugal. Además, el sentido pleno de la familia que de Dios deriva, sin disminuir los otros propósitos del matrimonio. Por consiguiente, el matrimonio tiene una dirección, “que la pareja esté dispuesta con corazones firmes a cooperar con el amor del Creador y Salvador”. “De quien a través de ellos aumentará y enriquecerá su propia familia, día tras día”. La paternidad según el Concilio Vaticano II (GS, 50). “Los padres deben considerar como su misión apropiada la tarea de trasmitir la vida humana y de educar aquellos a quienes se ha trasmitido”. Se apreciará más hondamente el genuino amor conyugal y se formará una opinión pública sana. Los esposos cristianos sobresalen con el testimonio de su fidelidad y armonía en el mutuo amor y en el cuidado por la educación de sus hijos. Además, si participan en la necesaria renovación cultural, psicológica y social a favor del matrimonio y de la familia. En las decisiones respecto al tamaño de la familia, la pareja “tomará en cuenta cuidadosamente tanto su propio bien como el de sus hijos, los ya nacidos y aquellos que se prevean en el futuro”. Los padres consideran estos elementos a la luz de las condiciones materiales y espirituales y de sus propios estados de vida. Por último, llevarán a consulta los intereses del grupo familiar, de la sociedad temporal y de la misma Iglesia” (GS, 50).

Dicho de otro modo, Dios ha querido que acto sexual sirva para que la pareja casada renueve su alianza matrimonial. En esta unión corporal, los esposos reafirman las promesas originales de su amor matrimonial. La decisión de aceptarse mutuamente en lo bueno y en lo malo y de permanecer unidos hasta la muerte. El control artificial de la natalidad contradice la renovación simbólica de la alianza matrimonial. Es una forma de decir: te acepto en lo que me gusta (placer, comodidad), pero no lo que me exige sacrificio (paternidad responsable, educar los hijos/as, etc.). En la Humanae Vitae, la enseñanza de la Iglesia condena explícitamente el uso de los métodos artificiales de regulaciones de la natalidad. A prueba explícitamente el uso de la planificación natural de la familia, cuando hay razón suficiente para evitar o posponer el embarazo. Con su énfasis en la necesidad de razones serias para usar aun método natural, la Iglesia rechaza el egoísmo como factor en la planificación de la familia. La Iglesia afirma que los esfuerzo para controlar la natalidad “deben ser realizados con pleno respeto al orden establecidos por Dios” (HV, 16). El matrimonio además de ser instituido para la procreación, tiene en su propia naturaleza un vínculo indisoluble entre las personas. Además como familia, sobre todo para el bien de los hijos, requiere que se manifieste, progrese y madure ordenadamente el amor mutuo de los esposos. “Por eso, aunque la descendencia, tan deseada muchas veces, falte, sigue en pie el matrimonio como intimidad y comunión total de la vida y conserva su valor e indisolubilidad (GS, 50).

Las fortalezas y debilidades del artículo:

Como fortalezas el autor define los conceptos principales del artículo. Éste justifica en su totalidad lo expuesto a través de otros documentos en relación al tema. El autor lo sustenta con artículos cristianos para una aplicación y reflexión para el ser humano, en el matrimonio y la familia. Este artículo enfoca el amor y la sexualidad del matrimonio y la familia en un aspecto moral-cristiano. Otros autores y sus artículos pretenden olvidar dicho aspecto siendo esencial e inherente al tema. El autor lleva al lector a un entendimiento de la moral-cristiana conyugal y sexual del matrimonio y familia. Como debilidad, el autor pudo haber presentado artículos sobre el tema no basados en la moral-cristiana conyugal y sexual en el matrimonio y la familia. De esta manera hacer una comparación o diferenciación de otros puntos de vistas. Lo cual promueve a una visualización más amplia del tema en la lectura. Además pudo explicar mejor ciertas terminologías y citas presentadas respecto al tema, para que lograr una comprensión a lectores en general.

El autor logra convencerte con su artículo o no y por qué:

El autor logra convencerme sobre el tema de su artículo. Este tema es uno de actual importancia para el matrimonio y la familia moderna. Presenta alternativas para poder llevar el amor, la sexualidad y la procreación dentro del matrimonio y la familia. Por ende de manera moral-cristiana, o sea dentro del plan establecido por Dios. También nos muestra los deberes y derechos que sexual y moralmente poseen los seres humanos en el matrimonio y la familia. Por consecuencia promoviendo al ser humano a crecer, integrar y defender en el ejercicio del matrimonio y la familia. Fortalecer una sociedad a través de la familia y el matrimonio fundados en la verdad y el amor de Dios. Hace conciencia de la preservación del amor unitivo y la procreación con los medios naturales de planificación familiar. Los cónyuges respetan la fecundidad y crecen en virtud y apreciación entre ellos. A su vez fomenta el respeto al amor mutuo, la exclusividad y por tanto a la fidelidad entre los cónyuges. Una procreación y sexualidad responsable, no una sexualidad explotada por los medios de comunicación y publicidad. La sexualidad actualmente es irrespetada y dirigida por instintos, llevando al fracaso en el matrimonio y la familia. Hoy día, hay matrimonios y familias con problemas de infidelidad, de procreación irresponsable e inmaduras (abortos, hijos abandonados y maltratados). Esto repercuta en los problemas sociales y morales en el ser humano. El ser humano cuando se aleja del plan de Dios (moralidad, sexualidad, matrimonio, familia) se dirige a su propia destrucción, como lo podemos observar en nuestros tiempos. Lamentablemente en la actualidad el amor de sacrificio, la fe, el diálogo, la cooperación, la responsabilidad y el compromiso están siendo menos utilizados en el matrimonio y la familia. Vivir el amor, la sexualidad y la procreación en el matrimonio y la familia es poder ser educados dentro de la creencia moral-cristiana. Debemos tener una compresión y consciencia moral adulta y pastoral. De esta manera poder obrar dentro del ministerio de Cristo y promover a los demás sus enseñanzas. Es importante respetar el amor, el espíritu y el cuerpo en la sexualidad y en la procreación dentro y fuera del matrimonio y la familia. Por consiguiente ser protegidos de actitudes negativas, destructivas e inmaduras. Si se mantiene el matrimonio y la familia en el plan de Dios, se mantendrá fortalecido y en alianza de amor. Los matrimonios y las familias deben compartir con otros en la sociedad sus compromisos y sus ideales, como ejemplo moral-cristiano. En nuestros tiempos, se debe promover aún más el análisis y la práctica en el aspecto moral- cristiano del amor, la sexualidad y la procreación en el matrimonio y la familia. Los aspectos sociales, políticos y psicológicos deben estar ligados al aspecto moral-cristiano, para el bienestar esta y futuras generaciones. Sobre todo cuando el matrimonio y la familia son la base del ser humano y por ende de la sociedad.

Evelyn Medina

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