Cristo está presente en los pobres, recuerda el Papa

En el décimo aniversario del fallecimiento de la Madre Teresa de Calcuta

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Cristo «está presente en los pobres», explicó Benedicto XVI este miércoles, en el décimo aniversario del fallecimiento de la Madre Teresa de Calcuta.

Hizo esta constatación al proponer algunos aspectos de la doctrina de san Gregorio de Nisa, sobre quien ya había hablado la semana anterior, continuando con la serie de meditaciones sobre los grandes personajes de los inicios de la Iglesia.

En particular, el obispo de Roma presentó a los 16 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano algunos pasajes de profunda belleza literaria escritos por el obispo del siglo IV y considerado como padre de la mística.

El fin del hombre, decía Gregorio, «es el de hacerse semejante a Dios, y este fin lo alcanza sobre todo a través del amor, del conocimiento y de la práctica de las virtudes», «rayos luminosos que descienden de la naturaleza divina»

«Cristiano es quien lleva el nombre de Cristo y por tanto debe asemejarse a Él también en la vida. Nosotros, los cristianos con el Bautismo, nos asumimos una gran responsabilidad», aclaró.

«Ahora bien, Cristo», aclaró el Papa citando a Gregorio, «está presente también en los pobres, de manera que no tienen que ser nunca ultrajados».

«No desprecies a quienes están postrados, como si por este motivo no valieran nada. Considera quiénes son y descubrirás cuál es su dignidad: representan a la Persona del Salvador», advertía el obispo de Nisa.

«Y así es –recalcaba–, pues el Señor, en su bondad, les prestó su misma Persona para que, a través de ella, tengan compasión por quienes son duros de corazón y enemigos de los pobres».

El amor, según Benedicto XVI, «es la escalera que lleva a Dios». Por eso lanzó esta exhortación que tomó prestada del padre y doctor de la Iglesia: «Sé generoso con estos hermanos, víctimas de la desventura. Da al hambriento lo que le quitas a tu estómago».

San Gregorio recordaba que «todos dependemos de Dios», y por ello exclamaba: «¡No penséis que todo es vuestro! Tiene que haber también una parte para los pobres, los amigos de Dios».

«Pero, de qué te sirve ayunar y hacer abstinencia, si después con tu maldad no haces más que daño a tu hermano? –preguntaba– ¿Qué ganas, ante Dios, por el hecho de no comer de lo tuyo, si después, actuando injustamente arrancas de las manos del pobre lo que es suyo?».

Al final de la audiencia, el Papa saludó a Misioneros y Misioneras de la Caridad, las dos obras fundadas por la beata Teresa de Calcuta, y les invitó a seguir su ejemplo, siendo «por doquier instrumentos de la divina misericordia».

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