CESEN LOS CONFLICTOS ARMADOS QUE ENSANGRIENTAN LA TIERRA

CIUDAD DEL VATICANO, 17 JUN 2007 (VIS).-Antes de rezar el Angelus con los fieles que habían asistido a la celebración eucarística en la plaza inferior de San Francisco de Asís, Benedicto XVI recordó la Jornada Mundial de Oración por la Paz, convocada por Juan Pablo II en 1986 en Asís y en la que participaron los representantes de otras confesiones cristianas y los líderes de diversas religiones.

 

  “Considero un deber -dijo el Papa- lanzar desde aquí un ferviente llamamiento para que cesen todos los conflictos armados que ensangrientan la tierra, callen las armas y el odio se rinda al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión”.

 

  “Sentimos presentes aquí espiritualmente a todos aquellos que sufren, lloran y mueren por la guerra y sus trágicas consecuencias, en cualquier parte del mundo. Pensamos en particular en Tierra Santa, tan amada por San Francisco, en Irak, Líbano, en todo Oriente Medio. La población de aquellos países conoce desde hace tiempo los horrores de los combates, del terrorismo, de la violencia ciega, la ilusión de que la fuerza pueda resolver los conflictos, el rechazo de escuchar las razones de la otra parte y de rendirles justicia. Solamente un diálogo responsable y sincero, con el generoso apoyo de la Comunidad Internacional, podrá acabar con tanto dolor y volver a dar vida y dignidad a las personas, las instituciones y los pueblos”.

 

  “¡Que San Francisco, hombre de paz -exclamó el Santo Padre-, obtenga del Señor que se multipliquen los que aceptan hacerse “instrumentos de paz”, a través de los mil pequeños gestos de la vida diaria, y que los que ocupan puestos de responsabilidad estén animados por un amor apasionado por la paz y por una voluntad indómita de alcanzarla, eligiendo los medios adecuados para conseguirla!”.

 

  Acabada la Misa, el Papa saludó a una delegación de autoridades en el Sacro Convento y después, acompañado del custodio, padre Vincenzo Coli, visitó la tumba de San Francisco en la basílica inferior. Después, Benedicto XVI volvió al convento para el almuerzo.

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